Descubrimos la Ermita de San Isidro, declarada bien de interés cultural en 1994 y en la que cada 15 de mayo se celebran las conocidas Fiestas de San Isidro.

Con toda probabilidad, cuando nombramos a la festividad de San Isidro, lo habitual sea que acudan a nuestra memoria imágenes de la romería y parque-pradera, de idéntico nombre y que representan uno de los aspectos más castizos de la ciudad de Madrid. Sin embargo, estamos hablando también de unas de las fiestas más antiguas que tienen lugar en Alcalá de Henares, organizadas cada año por la Junta Municipal de Distrito I de la ciudad. En ellas nos encontramos a toda una serie de actividades culturales y de ocio entorno a la Misa de San Isidro del 15 de mayo y su posterior procesión alrededor de la ermita. Tales actividades suelen comprender exposiciones, talleres de pintura y manualidades, actuaciones de rondallas, merienda y baile para mayores, actividades infantiles, actuaciones de grupos de flolklore a cargo de las casas regionales, desfiles de gigantes y cabezudos, etc.

En cuanto a la ermita en cuyos alrededores tienen lugar todos estos actos, se situa en el parque que lleva su nombre, siendo erigida por disposición testamentaria de Juan Castillejo allá por 1650. Construida en un sencillísimo estilo barroco popular, toda ella es de ladrillo, con planta de cruz griega, aunque sufrió algunas reformas en 1885. De esa fecha datan las pinturas del altar mayor, obra de Manuel Laredo, con un retablo fingido presidido por la Inmaculada, con san Antonio, santa Bárbara y, naturalmente san Isidro. Antaño lugar de romería para los agricultores de la zona, hoy es parroquia de uno de los primeros barrios alcalaínos nacidos al amparo del desarrollismo de la década de 1960.

Imagen de la ermita a comienzos del s.XX (Universidad de Alcalá de Henares)

Mucho antes del proceso de urbanización al que se sometió al área que rodea a la ermita, el terreno en el que se asienta formaba parte de las “eras de afuera” o “eras de San Isidro”, al noroeste de la ciudad de Alcalá y próximas al antiguo cementerio de judíos, y en las proximidades del cauce que traía agua de Villamalea y del sobrante de la fuente del Caño Gordo al foso de la muralla en la Puerta de Mártires, antes llamada de Guadalajara. El edificio estuvo a cargo de la Cofradía de San Isidro, llamada posteriormente Hermandad de Labradores, hasta convertirse en 1967 en templo parroquial.

Si bien es cierto que esta ermita se encuentra en un área de Álcalá de Henares apartada de los principales recorridos turísticos, no por ello dejamos de recomendar su visita, ya que se situa a pocos minutos a pie del centro histórico y puede ayudarnos a comprender cómo serían las zonas colindantes al núcleo urbano de la ciudad, mucho antes de su gran expansión urbana, iniciada a mediados del s. XX y que motivó su inclusión en el actual entramado urbano de la moderna Alcalá.

La ermita, en la actualidad, rodeada de un entorno más que urbanizado.